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CinemaTequio: Donde nace la magia de Eduardo Bravo

Actualizado: 22 de mar de 2019


El arte puede encontrarse dentro de un majestuoso teatro, en la sincronía de los cuerpos danzantes al ritmo de una pieza clásica de ballet, o en la mirada tierna de un niño indígena que está descubriendo un nuevo mundo a través de las representaciones realizadas con la ayuda de Eduardo Bravo Macías.





El comienzo de una historia


Desde hace cerca de diez años Eduardo Bravo ha visto cómo poco a poco sus sueños se hacen realidad, ya que, de ese joven entusiasta que quería contar historias, hoy existe un hombre capaz de reflejar esos relatos que marcaron huella, principalmente en las lejanas comunidades de las personas indígenas.


Sí, como lo lees, Eduardo Bravo, en vez de escoger esos cuentos fantásticos de lejanas tierras europeas, decidió plasmar los acontecimientos imaginarios de las comunidades indígenas que forman parte de la república mexicana, que enriquecen al país y a su historia.


Ante la falta de personajes que representen la cultura mexicana, incluso a su propia gente nace CinemaTequio, una casa productora de cortometrajes y talleres que busca plasmar los sentimientos y las emociones de las historias antiguas en los menores que, más allá de verlo como un trabajo, han aprendido de la mano de Eduardo Bravo cómo ‘el hacer cine es una forma de amar’.







En exclusiva para Puerta Escénica, Eduardo Bravo relató cómo los niños se convirtieron en su motor de vida y cómo las comunidades indígenas han tenido buen recibimiento entre los espectadores del extranjero y, claro, entre los nacionales, quienes han quedado fascinados con los más de 50 cortometrajes del cineasta.


Además, CinemaTequio ha logrado adaptar relatos de ficción y docu-ficción en diversas lenguas y sus variantes, entre las que destacan el mazateco, zapoteco, mixteco, chontal, huave, mixe, maya, náhuatl, chatino, cuicateco, mapuche y rapa nui.





Entre estos importantes trabajos se encuentra ‘Figuras en la Niebla’, una historia que habla sobre la leyenda del origen del Arco Iris, según los mazatecos de Oaxaca, y el cual ha sido aclamado alrededor de México; incluso, tuvo una mención honorífica en el Festival de Cortometrajes de Morelia, gracias a que la producción es 100 por ciento hablada en mazateco.




Entre esta faceta de director, el michoacano, pero poblano de corazón, descubrió que las películas o cortometrajes que intentan reflejar la cultura mexicana en lugar de enaltecerla provocan que los extranjeros tengan una mala percepción de los ciudadanos de este país, debido a que la mayoría de los personajes tiene rasgos ‘malvados o tontos’.


Tal y como lo mencionó el cineasta:


Muchos personajes de los cortos o películas mexicanas ponen al protagonista con características extranjeras y los mexicanos son los malos, los tontos. Esto provoca un problema de identidad y nos hizo abrir los ojos y daños cuenta de que no tenemos personajes que nos representen”.

Fue así que, en lugar de utilizar personas mayores, Eduardo Bravo decidió cargar el protagonismo de los cortometrajes en los pequeños, gracias a que con ellos ‘existe cariño, no hay conflictos y existe una convivencia más armónica’.


Además, los niños no son sólo los actores sino también claquetista, camarógrafos, diseñadores y hasta directores, ya que se les permite realizar las producciones porque se les da 'la oportunidad de brillar'.


Sin embargo, llegar a esta etapa no ha sido fácil; el propio cineasta asegura que él y la cofundadora de CinemaTequio, la escritora María Alejandra Domínguez Sánchez, pasaron por momentos complicados para lograr que el colectivo artístico sea reconocido a nivel nacional; incluso en Chile, donde también han realizado cortometrajes basados en las costumbres de los pueblos indígenas de este país.






Más allá de los problemas económicos, CinemaTequio se enfrentó a la dificultad de acceso a las regiones hablantes de México, debido a que se necesita una persona que pueda hablar los dialectos de los municipios que iban a visitar, tanto del equipo de Eduardo Bravo como de la comunidad, con el fin de tener un diálogo entre todos.


Por ello, para evitar problemas de entendimiento, Eduardo Bravo explicó que CinemaTequio se apoya de las organizaciones gubernamentales, principalmente las que estén en el ámbito cultural, para que las dependencias se encarguen de contactar a las personas que puedan entender el español, mientras que el equipo del colectivo artístico comenzó a prepararse para acercarse a la comunidad.





Como el propio Eduardo, quien tiene un diplomado en Educación Intercultural Bilingüe, lo que le ha permitido relacionarse con las personas que forman parte de la producción, tanto con los pequeños como con los adultos, que también llegan a tener papeles importantes en los cortometrajes.


Aunque el camino es fácil, el cineasta asegura que las siguientes generaciones que piensen involucrarse en el mundo fílmico, principalmente aquellos que quieran hablar sobre las costumbres indígenas, deben ‘aprender a adaptarse a la situación para mantenerse fieles a la historia, es un tema muy rico, sólo necesitan profundizar’.


CinemaTequio sigue y seguirá cosechando frutos por mucho tiempo; Eduardo Bravo tiene planes a futuro para hacer crecer la productora cinematográfica, como llevar a la pantalla grande ‘Figuras en la Niebla’, es decir, que tiene pensado convertir el corto en un largometraje para explotar la rica historia mazateca.





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